El Regreso
1. Tengo una extraña capacidad para recordar detalles insignificantes de sucesos importantes: recuerdo con toda claridad el color de la primera corbata que usé y la ropa que traía cada una de mis exnovias cuando la vi por primera vez. También puedo recordar lugares con la decoración exacta, películas, canciones, nombres, rostros, marcadores de partidos de fútbol y una infinidad de piezas sueltas de información que nadan en mi mente como en una sopa de letras.
2. Paradójicamente, soy terriblemente despistado. Me es imposible recordar con exactitud las cosas más sencillas del diario vivir; si ya me lavé los dientes, si es sábado o domingo, si es hora de ir a clase, si llevaba algo en la mano antes de bajar del bus. Eso me hace extremadamente impuntual; no recuerdo haber llegado a tiempo a una cita en meses.
3. Huelo la comida, el café, el licor y cualquier cosa antes de probarla. Revuelvo la sopa con el arroz, la ensalada y la carne; Uso los cubiertos como diestro y como zurdo indistintamente; puedo comer de TODO con una cuchara: pollo, huevo, carne asada y hasta espaguetis. Parto el pan con la mano y lo uso para recolectar lo que quede en el plato. Y un largo etcétera de peculiares hábitos alimenticios.
4. Oigo música en mi cabeza. Canciones enteras mientras como, trabajo, voy en un bus y lo peor: en clases o conversaciones aburridas; sin necesidad de concentrarme, como si fuera un radio. Por el mismo motivo tengo ganas de cantar todo el día y con frecuencia me sorprendo llevando el ritmo con los pies o moviendo los dedos como quien toca una guitarra o un piano.
5. Soy instalador compulsivo de software. Tengo instalado un montón de programas para la misma cosa: reproducir música, quemar CD’s, editar gráficos; herramientas de programación y diseño que nunca uso, y que probablemente nunca usaré. Mi computador es como el cuarto de San Alejo: lleno de cosillas inútiles.
